Activación Edificio Puerto Rico

Publicado originalmente en 80 Grados

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foto por Karina Curet

“los viajes que trajeron a otros vistiendo nuestros cuerpos”

– Ismael Serrano, Ahora

A lxs estudiantes del curso Urbanismo y Gestión Cultural por la complicidad…

 

La Concepción

Durante los diez años en que fui estudiante del recinto de Río Piedras nunca me tocó vivir un conflicto huelgario. Sucede que me invitan a ofrecer un curso y en cuestión de semanas inicia la huelga. El “receso” no pudo haber sido más intenso. Tengo que decir que me sentí profundamente privilegiada de poder estar ahí, en primera persona, autorizada en calidad de “docente sin plaza” de esa institución. La Universidad de mis amores, a la que le debo tanto, entre cuyas paredes crecí -gracias al trabajo de mi madre- y en la que completé la mayor parte de mi entrenamiento académico. Concluida la huelga tocó desplazarse de los espacios abiertos del Recinto y los espacios públicos de nuestra urbe para regresar al salón de clase a retomar el semestre. Pero cómo hacerlo si durante el tiempo transcurrido (como en los meses y los años que vendrán) el lugar del que partimos había dejado de ser el mismo. Si quienes nos volvíamos a reunir no éramos los mismos. Bajo las circunstancias en las que se encuentra ya no la UPR sino el país, se puede argumentar que es difícil eso de ser “decente”, como diría J C Monedero, y pretender continuar como si nada, inalterados e intactos. Como si los supuestos brotes de incomodidad fueran sólo perturbaciones momentáneas y no fuéramos a tener que resistir, tarde o temprano, el embate sostenido de este temporal.

Estaba planteado, originalmente, que cada estudiante realizara un trabajo individual para su evaluación final pero resultaba mucho más didáctico y cónsono con las inquietudes del momento proponer un ejercicio práctico que se pudiera desarrollar en equipo e, incluso, hacer un llamado abierto a la colaboración externa. Entre las muchas inquietudes post-huelga estaban las denuncias sobre vandalismo tras la reapertura de los portones, la condición de la UPR como recipiente de las propiedades heredadas por el ELA, la oportunidad de habilitar espacios de gestión y actividad académica “extramuros”, potenciar recursos propios para satisfacer necesidades de la misma comunidad universitaria, y fomentar la vinculación UPR-Río Piedras. Para poder conjugarlas en la práctica había un espacio idóneo muy cercano al Recinto (en la intersección de las Avenidas Universidad y Gándara), propiedad de la UPR y totalmente desatendido. Su nombre seducía, además, dada la posibilidad de articular una metáfora perfecta: Edificio Puerto Rico.

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foto por Elizabeth Rodríguez

La Ejecución

La fecha seleccionada fue el domingo 2 de julio y la hora de reunión las siete de la mañana (aunque se convocó oficialmente para las dos de la tarde con la intención de adelantar la limpieza por cuestiones de seguridad). En las semanas anteriores se había realizado una documentación fotográfica de la propiedad, se habían tomado medidas, inventariado materiales descartables, redactado documentos (relevo de responsabilidad, comunicado de prensa, etc.), reunido herramientas, contactado a vecinos y un largo etcétera. El título de la convocatoria para ese día fue: Activación Edificio Puerto Rico. El objetivo de la actividad era llevar a cabo una brigada de trabajo que incluyera una limpieza general de todo el patio frontal de la propiedad, una intervención artística, la creación de una superficie donde proyectar y, finalmente, la presentación abierta y gratuita de un documental.

La jornada inició puntualmente, a pesar de las pocas horas de sueño de varios miembros del equipo de trabajo. Para poder empezar a podar la abundante vegetación, primero se tuvieron que remover varios “mattresses”, un “box spring” y hasta un catre. Para nuestra enorme satisfacción, la poda se hizo a las millas gracias al “trimmer”. Antes de iniciarla ya habíamos recibido la visita del responsable de seguridad de la Universidad a quien se le explicó que nuestra loable intención era remediar el deterioro del espacio y su condición de estorbo público. A la pregunta de quién era la persona responsable de la iniciativa se respondió que allí “todos éramos responsables” de querer ofrecer horas de trabajo voluntario a la comunidad. Vale decir que se habían hecho las gestiones para contar con apoyo legal “on call” y que se habían dado instrucciones de hacer un “sit-in” si la respuesta institucional así lo ameritaba. Claro que no fue necesario recurrir a ninguna de esas precauciones. Por el contrario, recibimos un significativo agradecimiento.

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foto por Génesis Cumba

Fue tal el nivel de compromiso y el esfuerzo de quienes se sumaron a la actividad que mucho antes del mediodía se había logrado completar lo que se había estimado nos iba a mantener ocupados hasta las primeras horas de la tarde. Incluso, recibimos la colaboración no planificada de los recogedores de “basura” del Municipio de San Juan a quienes pudimos reciprocar con algún refrigerio. Gracias a ello se pudo hacer mucho más de lo que se había contemplado inicialmente, lo que incluyó izar una monoestrellada en el patio de la propiedad. Tanto así que, alrededor de las cuatro, se organizó una rotación de voluntarios para que quienes habían llegado desde temprano pudieran ir a sus casas a recargar energías para la presentación final. Antes de proyectar el documental Seva Vive ante un público de más de 30 personas, se pudo ver un reportaje que se había transmitido por televisión sobre la actividad. Pasadas las diez de la noche, tras más de quince horas de trabajo y luego de una acalorada discusión en la que vecinos de Río Piedras plantearon la terrible incongruencia que supone tener un gran inventario de propiedades abandonadas mientras hay gente viviendo en la calle, se pudo dar por concluida la intensísima jornada.

El día después y ¿ahora qué?

Es muy difícil sino imposible no sufrir un jamaqueón interno tras poner en práctica nuestra capacidad para transformar lo que nos rodea, experimentar el enorme poder de la autogestión y  gozar el resultado del esfuerzo compartido. Y que lo diga una de las estudiantes que participó de la actividad que al día siguiente, por motivos de trabajo, tuvo que llevar a unos turistas al Yunque y, por defecto, terminó recogiendo montones de basura tirada en los alrededores de una hermosa cascada. La opción de asumir las consecuencias de llevar hasta el final un ejercicio tan arriesgado como legítimo y de tantas connotaciones en el contexto actual como puede ser darle atención a un espacio abandonado propiedad de la UPR, responde a una inquietud personal acerca de la diferencia fundamental entre definir qué práctica profesional se quiere hacer versus qué tipo de profesional se quiere ser. Se agradece infinitamente el trabajo de voluntarixs, vecinxs, colegas y estudiantes que, desinteresadamente, se sumaron a este esfuerzo para llamar la atención sobre la importancia de recuperar un espacio que debe estar en función de potenciar la aportación que nuestra Universidad puede hacer al país; ese Puerto Rico aún por edificar. Con esta actividad no sólo se quiso traer la mirada hacia una propiedad olvidada, sino tener un gesto, hacer una provocación que invite a la comunidad universitaria a repensar las posibilidades del lugar. Hubo, además, la intención de crear un aula abierta, un espacio público donde llevar a cabo actividades, reuniones, proyecciones, en fin, donde accionar ideas. Queda de esa misma comunidad aceptar el reto…

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foto por Federico Cintrón

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